EUCARISTÍA DE INICIO DEL CURSO PASTORAL
HOMILÍA
Guadix, 9 de Octubre de 2011
Baza, 9 de Octubre de 2011
Queridos hermanos sacerdotes;
Seminaristas, miembros de los institutos de vida consagrada;
Saludo a los que ejercéis algún ministerio en el campo de la pastoral parroquial y diocesana, a los miembros de las asociaciones y movimientos eclesiales, a las hermandades y cofradías.
Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
1. En esta eucaristía del XXVIII domingo del tiempo ordinario damos comienzo oficialmente al curso pastoral en nuestra diócesis. En estos días, también las distintas parroquias y comunidades ponen en marchan las acciones pastorales.
Este año en nuestra diócesis comenzamos un Plan de evangelización que iluminará y orientará la vida diocesana durante los próximos cinco años. Queremos ponernos a la escucha del Espíritu para descubrir lo que quiere decir a nuestra Iglesia. Para ello, hemos de escuchar la Palabra de Dios, conocerla y meditarla, pues será esta Palabra la que ilumine nuestro camino y nos haga creíbles en medio de este mundo en que Dios nos ha puesto para evangelizar.
Comenzar una nuevo curso no es ni debe ser un momento marcado por la organización del tiempo y del trabajo según la mentalidad del mundo moderno; para nosotros los creyentes es la oportunidad que nos ofrece Dios nuestro Señor de comenzar de nuevo. No partimos de cero ni pensamos que en este tiempo se agotará toda la misión de la Iglesia. Es una etapa más en el caminar de la Iglesia que se dirige a la casa del Padre, su destino y meta definitiva. Al reemprender la marcha miramos con esperanza el futuro, porque confiamos en que nos estamos solo; Él, nuestro Señor, viene con nosotros y marca el ritmo de nuestro caminar. Nuestra misión es poner buena disposición, entrega generosa y mucha ilusión. El Señor ha estado grande con nosotros al encomendarnos esta misión que es la de Cristo, por eso estamos agradecidos y alegres.
2. La Palabra de Dios de este domingo nos presenta la imagen de un banquete para hablarnos del Reino de Dios. El profeta Isaías en la primera lectura nos hablaba del banquete que Dios va a preparar para todos los pueblos, un banquete con manjares suculentos y vinos de solera. La presencia de Dios, expresada en la alegría y la fiesta de los que comparten la mesa, aniquilará la muerte para siempre.
Jesús en el evangelio nos habla también de este banquete, son las bodas del Hijo del Rey; los que habían sido elegidos para ser comensales han rechazado la invitación, por eso, el banquete se ha hecho universal, todos pueden entrar porque todos han sido invitados.
El mensaje es claro: la salvación de Dios es universal, todos estamos llamados a la salvación, Dios quiere que todos los hombres se salven. En el ser del hombre, en su naturaleza está el hambre de Dios; el hombre es capaz de Dios y toda su vida tiende a este misterio divino, aunque el hombre muchas veces no lo sepa o lo rechace. Como dice San Agustín, “nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en ti”. Como el viajero desea volver a casa para descansar, pues es la casa de su origen y de su identidad; así nuestro ser que ha salido de las manos de Dios no descansará hasta que no descanse en las manos de su Creador, en la patria de su identidad.
Sin embargo, la llamada de Dios exige de nosotros una respuesta, respuesta que ha de ser libre. La fe es diálogo, Dios que llama y el hombre que responde. El evangelio que acabamos de proclamar lo expresa en el hecho -humanamente desconcertante- del hombre que ha ido al banquete sin ponerse el traje de fiesta. Podíamos decir, ¿cómo se va a vestir de fiesta si viene de estar tirado en los caminos, si es un indigente que nada tiene?. Pero no es esta la intención del evangelio. El mensaje que se nos quiere transmitir es que al banquete del Reino hay que ir con traje de fiesta, es decir, hay que ir bien dispuesto. ¿Qué es pues el traje de fiesta?. Dejaré que sea San Agustín el que nos lo diga: “Ciertamente que este traje es una cosa que solo la poseen los buenos, los que han de participar del festín. ¿Serán los sacramentos? ¿El bautismo?. Si el bautismo nadie llega a Dios, pero algunos reciben el bautismo y no llegan a Dios. ¿Es el altar o lo que se recibe del altar? Pero recibiendo el cuerpo de Cristo algunos comen y beben su propia condenación. ¿El ayuno? Los malos también ayunan. ¿El frecuentar la iglesia?. Los malos van a la iglesia como los demás. El apóstol Pablo nos dice: El fin de los mandamientos es la caridad que procede de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera. Este es el traje de bodas. No se trata de un amor cualquiera, porque a menudo se ve a hombres deshonestos amar a otros, pero no está en ellos esta caridad que nace de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera (..) Si no tengo amor no soy nada. Este es el traje de bodas”.
3. Y aquí, mis queridos hermanos, se sitúa la misión de la Iglesia, su preocupación por el hombre y por el mundo. Hoy, como a lo largo de los últimos dos mil años, la Iglesia ha de mostrar al mundo, a cada hombre que Dios lo ama; es necesario hacer creíble la preocupación que Dios tiene por cada hombre; hacer sentir al hombre ese amor que fundamenta y da sentido a la vida. Recordemos la expresión del Papa Pablo VI, la evangelización es el mayor acto de amor a la humanidad. Así es; cuando un hombre ha descubierto el amor de Dios, cuando Cristo se ha manifestado como el tesoro escondido, sería una injusticia, pero sobre todo una falta de amor no comunicarlo a los demás. Si amamos al mundo hemos de hablarle de Cristo, hemos de facilitar a nuestros hermanos los caminos que conducen al encuentro con Dios.
En este horizonte se sitúa el nuevo Plan de evangelización para nuestra diócesis. El llamarlo Plan de evangelización no es baladí, expresa toda una declaración de intenciones. Somos conscientes que vivimos en una realidad donde lo esencial del ser y de la vida cristiana se está diluyendo en una ignorancia que se convierte en indiferencia ante el hecho religioso. Por este motivo, hemos de plantear una primera evangelización, no pensando sólo en los que abandonaron nuestras iglesias, sino también en los que nunca vinieron; en este Plan no estamos trazando solo la acción pastoral propiamente dicha sino una verdadera evangelización desde lo esencial. Hoy no hemos de dar nada por supuesto.
Sin duda que nos movemos en una nueva realidad: el marco en el que estamos llamados a evangelizar es nuevo. Es necesario pararse a contemplar el mundo y el hombre con el que vivimos y proponerles el Evangelio con la frescura y la convicción de los primeros discípulos. La evangelización hoy no es más fácil ni más difícil que en otras épocas, es la respuesta a la necesidad de anunciar a Jesucristo con la palabra y con las obras. El hombre de hoy también necesita a Jesucristo. Es un hombre con hambre de Dios aunque muchas veces no lo sepa o lo busque por caminos equivocados.
Nuestro proyecto evangelizador es abierto porque está llamado a adaptarse a las distintas realidades y dar respuesta al momento de fe de cada uno. Desde lo que oirán hablar por primera vez de lo esencial de la fe cristiana hasta los que viven un compromiso claro y radical con la Iglesia. A todos va dirigido este plan de evangelización.
El Plan de evangelización tiene como objetivo principal “La escucha de la Palabra del Señor, para renovar el caminar de nuestra Iglesia” (objetivo general). Es una Palabra que nos convoca y nos envía al mundo (objetivos específicos). Estas líneas pastorales miran a tres ámbitos privilegiados de la evangelización; en primer lugar la familia, después la parroquia y el arciprestazgo.
Pero de nada serviría esta Plan de evangelización sin el empeño de los evangelizadores. Por eso, a todo vosotros, os pido de corazón algunas actitudes esenciales:
En primer lugar un espíritu de fe para ver en este instrumento un camino para encontrar la voluntad de Dios, tomando la actitud propia de obediencia al Espíritu que habla a la Iglesia.
Hemos de tener esperanza porque esta obra es de Dios. Nosotros estamos llamados a sembrar, de lo demás se encarga el Señor.
No puede faltar la ilusión. Hemos de poner mucha ilusión en esta tarea en la que no estamos solos, y que con seguridad dará frutos abundantes, si lo hacemos con humildad y generosidad.
Se nos pide trabajar poniendo todo lo que somos, no escatimando en nada porque buscamos la gloria de Dios y la salvación de los hombres, nuestros hermanos. Si pensáramos lo que vale un alma, solo un alma, no pondríamos límites a nuestra entrega.
Y espíritu de comunión para trabajar unidos, sabiendo que formamos un solo cuerpo los que comulgamos en una misma mesa eucarística. Así colaboramos en la construcción de la unidad de la Iglesia para presentarnos ante el mundo en la belleza de nuestra verdadera identidad.
4. Para terminar me vais a permitir que o hable de dos preocupaciones del Obispo, que lo son también de esta iglesia diocesana: los jóvenes y las vocaciones, con el Seminario.
Hemos de preguntarnos, ¿y después de la JMJ de Madrid, qué?, ¿vamos a dejar que se quede en un momento puntual que llenó de ilusión a muchos jóvenes de nuestra diócesis, incluso a los que se quedaron aquí y sienten no haberse decidido a ir?. Es verdad que es el Señor el que hará fructificar este momento de fe y de fiesta, pero nosotros ¿no haremos nada?. Quiere ser esta una llamada a todos vosotros para colaborar en la evangelización de los jóvenes, todos somos necesarios. Recordad, la evangelización es un acto de amor, ¿queremos a los jóvenes, y queremos para ellos lo mejor?. Démosle a Cristo, seamos imaginativos para llegar a ellos, pero démosle a Cristo.
Junto a la Pastoral juvenil, es necesario orar por las vocaciones, animar a los jóvenes que tienen inquietudes, invitándolos, interpelándolos, acompañándolos. Estoy convencido que hay jóvenes que escuchan la llamada del Señor pero no tienen el ambiente ni los medios para responder con generosidad; hay muchos afanes del mundo que les impiden responder; otros muchos, en un ambiente propicio escucharían la voz de Dios. Dios necesita de nuestras mediaciones, todos podemos ser esa mediación para hacer audible la llamada de Señor. Nuestra diócesis contará próximamente con un proyecto de Pastoral vocacional. Recemos por esta intención.
Esta pastoral vocacional tiene como medio necesario y eficaz el Seminario. El Seminario siempre marca la vitalidad de una iglesia. Si un seminario está flojo es que la vitalidad de la iglesia no es grande; por el contrario, si un seminario tiene empuje es señal de una comunidad eclesial viva. Este año lo dedicaremos a poner en marcha de nuevo el seminario menor, que si Dios quiere, comenzará a funcionar en el curso próximo 2012-2013. Lo ponemos en manos del Dueño de la mies.
En todas nuestras empresas nos acompaña María, Madre de la Iglesia. Ella nos indica el camino y se convierte en el ejemplo precioso en el que podemos mirarnos. No olvidemos que el amor a la Virgen es condición de fecundidad pastoral. Es María la primera y mejor evangelizadora. A Ella se une la intercesión de nuestros santos pastores, San Torcuato, San Pedro Poveda y el Beato Manuel Medina Olmos.
+ Ginés García Beltrán
Obispo de Guadix





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